Al comienzo del film se observa uno de los mejores comienzos del séptimo arte. En la estación de subte de Tokio más de 50 colegialas adolescentes se colocan al borde del andén y tomadas de la mano al venir el coche se tiran a las vías. Esto genera una catarata de salpicaduras de sangre, tripas y gore de excelente factura con fondo de música muy tranquila.
La trama se complica aún más cuando se muestra como alguien en medio de esa barbarie deja un bolso blanco que luego la policía encontrará y descubrirá horrorizada su contenido.
Si hasta acá es todo misterio la película no defrauda, sigue por este camino mostrando pistas que el espectador tendrá que ir recomponiendo (o juntando del piso) para poder imaginar dentro del clima opresivo alguna causal de todo esto.
Para sorpresa se agregan unos hackers que le informan a la policía de un sitio web muy extraño. También una llamada telefónica de un niño con tos (nunca imaginé que pudiera escucharse tan tenebroso) complica aun más el panorama del equipo de policías que investiga, comandado por Kuroda (Ryo Ishibashi), Shibu (Masatoshi Nagase) y Murata (Akaji Maro) quienes no pueden encontrar una explicación a todos estos hechos.
A medida que avanzan los minutos el director Sion Sono dibuja pinceladas irónicas que nos dejan ver una sociedad consumista y manipuladora de los jóvenes. La alienación del hombre dentro de una estructurada realidad y la búsqueda de respuestas sociales y religiosas en los medios de comunicación. Incluso la narración se cuenta por días comenzando un 26 de mayo.